04 abril 2010

Crucificado



Cuesta no sentirse identificado.

Vives para estar ahí, junto a todos, tendiendo una mano siempre que alguien lo necesita. Vives tu vida nada más que para que otros puedan vivir las suyas mejor. Te desvives.

Sin embargo, terminas siendo apartado, negado, apaleado, escupido y ultrajado. Cuando, por una vez, de verdad, necesitas una mano que te sostenga y una voz que te diga que aún están ahí, sólo palpas aire, oscuridad, y a tus oídos sólo llega el silencio.

Y mueres.

Pero, no te preocupes. Tienes que morir. Lo tienes que hacer para que unos pocos se den cuenta de cómo eras, y de por qué existías. Para que esos pocos se fustiguen diciéndose a sí mismos lo abominables que son.

La diferencia es que tú no lo conseguirás. Solo morirás, y quizá alguien se preocupe lo suficiente de recoger tus restos para que nadie los pise, no sea que se manchen.

La diferencia es que no volverás a los tres días, con un resplandor blanquecino, en paz.

Pero bueno, tampoco importa demasiado. Si, al fin y al cabo, sólo es una vida menos. Una entre millones.
Una del montón.

Sólo eres otro juguete roto del que se pueden desembarazar.

Así que, ¿por qué no sentirse identificado?
Eres la misma porquería que un día Dios creó para que los hombres dejen de lado y olviden.

2 comentarios:

María Diez dijo...

Bueno identificarse con EL, no es tan fácil, El lo tenía claro, nosotros sólo incertidumbre.
Buena foto.
Un beso

Céline dijo...

Nice detail !